Alena Michalicová

45 años; profesora de secundaria; República Checa
Instituto Secular Nuestra Señora de Schoenstatt

¿Qué experiencias la han marcado como mujer?

Desde mi infancia, el ser mujer ha sido problemático para mi. Soy la tercera hija en mi familia y de alguna forma, inconscientemente sentí una ligera presión: “lástima que no fue un niño”. Pasé mucho tiempo con mi primo, que tenía una edad similar y quería ser como él. Una vez boté mis aros de oro para parecerme aún más a un chico. Otra vez, con cinco años, volví con el pelo muy corto de las vacaciones donde mi tía y di como respuesta, que quería verme como mi primo. Pero esta etapa pasó pronto. Más tarde disfruté el ser una mujer.Estudié en una escuela secundariade confección, donde solo había chicas. Nos divertimos mucho juntas. Desde entonces siempre he estado “entre mujeres”. Aunque me he sentido bien “entre mujeres”, con frecuencia me he opuesto al “lado superficial” de la mujer – también en mi. Quería ser una mujer que, por cierto, presta atención a su aspecto exterior, por eso me atrajo esa escuela, pero quería buscar un equilibrio adecuado con el interior. Quería ser una mujer dispuesta a desarrollarse en las más diversas direcciones y sobre todo abierta a las aventuras. Este fue también el motivo por el cual cambié la dirección profesional de mis estudios, pasando a la Universidad de Educación. Entonces comprendí claramente que quería trabajar con personas. Sobre todo quería acompañar a jóvenes contribuyendo a su educación y al desarrollo de sus valores interiores. No quería trabajar solo por la apariencia y la ropa lo cual, bajo todo punto de vista,también es importante.

¿Dónde ha experimentado a Dios en su vida?

En esta época también tuve las más importantes experiencias con Dios. Fue en la época después de 40 años del régimen comunista. Hubo un cambio político en la República Checa. Entonces pudimos practicar con libertad nuestra fe. En nuestra parroquia se formó un pequeño grupo juvenil que sinceramente buscaba a Dios. A través de un joven sacerdote que había llegado recién a la parroquia y que pertenecía a Schoenstatt, nos abrimos completamente para Schoenstatt y su mundo. Nuestros corazones se encendieron. En estos años pudimos experimentar un actuar especial del Espíritu Santo. Para mí el amosde Dios estaba tan presente y era tan real a través de las experiencias en este grupo, con sus ideales, que más tarde me llevó a decidirme por una vida consagrada a Dios en la Comunidad de las Señoras de Schoenstatt.Hasta hoy la mayoría de las veces experimento a Diosen situaciones donde yo misma no puedo hacer nada más. Cuando no veo cuán lejos y ciegamente tengo que confiar. Con mucha frecuencia experimento entonces que se encuentra una solución sin mayor esfuerzo de mi parte. A través de esto aprendo una y otra vez a mantenerme tranquila.Un pequeño ejemplo de esto. Durante todo el añobusqué un lugar para nuestro campamento. Finalmente pudimos encontrar un lugar y nos pudimos preparar para el campamento de verano. Una semana antes del comienzo del campamento de verano supe que el dueño del terreno no estaba de acuerdo y no autorizaba el campamento. ¡Un callejón sin salida! Ya habíamos comprado los alimentos y habíamos preparado todo lo necesario. “Dios santo, ¿qué hago ahora?” Siento una impotencia total, ya que sabía lo difícil que es encontrar un lugar en esa fecha. En mi desvalimiento visité a una hermana de comunidad en su lugar de trabajo y le conté de mi complicada situación. Una colega de ella escuchó y me dio un contacto. Para mi sorpresa, la persona al otro lado del teléfono estuvo dispuesto a ayudarnos. Ese mismo día teníamos un lugar incluso mejor para un campamento mejor equipado. Tales experiencias son constantemente para mi una prueba de que no estoy sola y que Dios se preocupa por mi como un padre.

¿Qué desafíos ve usted para las mujeres hoy?

Pienso que el desafío para las mujeres de hoy varía dependiendo de la edad.Me doy cuenta que para las mujeres jóvenes es difícil encontrar un lugar propio en la vida. Hay tantas posibilidades para incorporarse en diversos ámbitos que al final no se sabe lo que es mejor para uno. Y cuando uno se da cuenta, es difícil elegir, porque no se quiere dejar escapar nada. Esto es igualmente válido para las situaciones de la vida cotidiana como para las decisiones importantes de la vida.La generación media se enfrenta a retos similares. Las mujeres de esta generación, en su mayoría madres y trabajadoras, suelen estar agotadas. No queda casi tiempo ni espacio para lo espiritual y para el cultivo de vínculos que son muy importantes y enriquecedores para sus vidas. Las mujeres deben aprender a no ser parte de todo y estar en todas partes. Y ser capaces de resistir a la exigencia y a la presión de querer hacerlo todo. El P. Kentenich dice: “una persona grande vive de una granidea”. Esta frase siempre me ha impresionado, porque yo misma siento el desafío de concentrarme en lo que es realmente importante en la vida.

¿Qué desea cambiar en este mundo, a través de su vida?

En mi juventud pensaba que podía cambiar muchas cosas en el mundo. Sin embargo aprendí que en realidad son más bien las pequeñas cosas donde puedo influir. Desde hace años trabajo con jóvenes dentro del Movimiento de Schoenstatt. Allí veo mi tarea en contribuir para que las jóvenes tengan un lugar donde se puedan sentir bien y libres, y donde puedan descubrir y desarrollar más lo que les es “propio”, precisamente también su ser mujer. Como yo misma experimenté lo importante que fue este periodo para encontrar orientación para mi vida, trato de hacerlo posible para las jóvenes a través de mi colaboración en diversos eventos. Aunque a veces no es fácil organizar todo,lo que siempre me sostiene y me anima es la bella, delicada y alegre atmósfera que se genera entre las jóvenes en tales encuentros. Y estoy convencida que la Santísima Virgen está detrás. No es necesario hablar mucho sobre ELLA. ELLA está presente y su presencia es tangible y decisiva.Para mi es interesante ahora recordar un juego de mi infancia. Con mis hermanas dibujamos una vez en las vacaciones más de cien jóvenes. Cada una tenía un nombre, su carácter y su historia, sus problemas y sueños. Pasamos mucho tiempo hablando de estas cien mujeres y decidiendo las relaciones entre ellas. Entretanto pienso que este juego infantil nuestro de entonces fue una señal de mi tarea futura. En cualquier caso, lo recordé en relación con el proyecto “100 mujeres” en Schoenstatt.