Belén Troncoso A.

Belén Troncoso Acosta, nacido en 1999 en Santiago, Chile; parte de la JF desde su niñez, ahora ayudando en tareas pequeñas.

Que experiencias de la vida como mujer te ha impregnado?

Hola, me llamo Belén y soy de Chile. Últimamente en mi país se observa diariamente marchas feministas, pro aborto, medioambientalistas, por los derechos de los pueblos indígenas, homosexuales, abusos sexuales y de poder en la iglesia, entre muchas otras cosas que están saliendo a la luz. Desafortunadamente he observado como mis propias compañeras de universidad caminan desnudas por la calle desprestigiando su cuerpo usándolo como objeto sexual, razón del por qué marchan: mayor seguridad para la mujer a no ser abusada sexualmente. Otra experiencia que me ha marcado mucho fue ver a 100 metros de distancia a una mujer de mi misma edad asaltada por tres hombres en menos de 1 min, dejándola inconsciente y llevándose todo. Podría haber sido yo.

Por otro lado está mi mama, una mujer que lucha cada día con lo que Dios le va enviando: un papá que ya no recuerda, tres hijos con los que se esfuerza cada día (dos ya estamos lejos de casa), la perdida de amigos muy queridos, levantarse cada día muy temprano para ir a trabajar (incluidas las vacaciones de verano) por amor a mi familia. Una mujer que entrega su vida al otro, que se quiere tanto que se desprende de si misma para dar lo mejor y no por bien propio, sino para que otros sean mejores.

Otra experiencia que me llama la atención es la juventud femenina, como cada una, con su autenticidad, desde Dios (cantando, rezando, leyendo) hacia el mundo, nadan contracorriente, e intentan ser esas pequeñas marías de la vida diaria que el Padre Kentenich quería.

Por último, María es la mujer que más me ha marcado, siendo tan humana, pequeña y mujer, es tan santa y Madre de Dios. Ella es la gran educadora de mi vida y tan madre que me gusta cada día decir: “María, que tu vida sea la mía!” PJK.

Donde en mi vida he experimentado a Dios?

Durante toda mi vida he tenido el regalo de saber de Dios. La diferencia está en cómo lo he experimentado. Un Dios educador en mi familia, un Dios misericordioso, un niño pequeño. Especialmente un Dios Padre, cada vez que le digo: “No estudié para el examen” , “me cuesta mucho levantarme, ayúdame”, “me he vuelto a pelear con mi hermano”, “¿Por qué me haces esto?”. Un Dios Padre cada vez que me enojo, estoy triste, alegre o sin sentir. Un Dios Padre que me responde con cada persona que se me cruza en el camino. Un Dios Padre que me da mi libertad para yo alejarme de él pero que al volver me dice:  “Justo a ti estaba esperando!”. Cuando pienso donde ha estado Dios en mi vida se me viene a la cabeza una imagen muy linda de una niña intentando caminar hacia los brazos de su papá, él la va a atrapar, abrazar y se va alegrar por el pequeño gran logro de su hija (pequeño porque le queda toda una vida por delante y gran logro porque no fue fàcil). Lo primero que pienso es ese intento de lograr algo que muchas veces no funciona pero lo vuelvo a intentar como si fuera la primera vez (Sé que Dios está ahí observandome). Lo segundo es la confianza al lanzarse a los brazos del papá sabiendo que la van a atrapar pero que también la van a dejar caer. “La mayor preocupación es estar infinitamente despreocupados” PJK. Muchas veces olvido que vengo de Dios y me preocupo de cosas tan pequeñas, esa niña, ¿Pensará en cómo va a llegar? No, solo camina y confía que si el Padre se lo pide, va a salir bien después de todo. Lo tercero es la reacción del Papá, un hombre con los brazos anhelantes que llegue su pequeña hija y cuando lo logra, la emoción es tan grande que se llena de alegría.

Dios es tan Padre que no me dejó sola sino que envió al Padre Kentenich para que tomara mi mano y me educara en la filialidad y en la confianza de niña pequeña.

Dios es Padre en cada momento, en la universidad, en mi casa, en los desafíos, en Schoenstatt, en las cruces más dolorosas y en las alegrías más grandes. ¿Donde está Dios? En la respuesta de mi amiga, la sociedad, mi familia, Hermanas de María, mi grupo de vida, las niñas que dirijo, en lo que veo, escucho y siento. Sé que al final del día me dirá: “Esta es mi hija amada”.

Desafíos de la mujer hoy.

Hoy la mujer escasea en alma. Se ha vuelto una mujer que ya no deja huella, simplemente se olvida de sí misma y vive porque es otro día. Antes el ingrediente especial de los postres era el amor al otro. Hoy, ya no tienen ingredientes especiales, sino que ser mujer es algo malo, machista y porque las masas dicen que ya no hay que ser así. Muchas veces nos olvidamos que somos las creadoras y fortalecedoras de vínculos, cuantas veces es la mujer la que invita a los amigos a una “asado” a la casa o pide a los hijos que se perdonen.

Vivimos en un mundo individualista, donde pensar, escuchar y alegrarse con y por el otro está obsoleto. Un mundo donde comunicarse con el otro ya no es necesario. Hoy intento mis logros desde que me despierto hasta que me acuesto, el que está a mi lado que se las arregle como pueda.

La mujer se ha olvidado de sí misma. Salir de noche es inseguro, caminar sola por la calle te pone en riesgo, que te griten “piropos” en la calle es sucio. ¿Con que nos quedamos? “Desearía ser hombre”. Que hago entonces? Lucho por ser como el hombre. ¿Cuál es el problema? Ser mujer es un regalo! Soy una mujer que se acepta, descubre, acepta, quiere y regala. ¿Dónde quedó la grandeza de la mujer? ¿Donde está la que es toda alma, entrega y pureza?

Cambiar el mundo con mi vida.

Dios me amó tanto que me creo mujer! Y no cualquier mujer, sino una auténtica hija. Dios me invita cada día a ennoblecer a los demás, al que maneja el bus, mi compañero de curso, mis amigas, mis vecinas, son también regalos de Dios y más aún, Hijos de Dios! Sinceramente no soy muy buena rezando el rosario o realizando misión puerta a puerta, pero mi ennoblecer al otro está en limpiar la casa, acompañar al supermercado o simplemente preguntarle al profesor cómo está su familia. Dios me regaló ser mujer para que yo sea un instrumento suyo con mis limites y mis talentos, con lo que soy y lo que no soy. Dios me creó y regaló mi ser de mujer autentica porque me ama.