Ingeborg Sickinger

La Dra. Ingeborg Sickinger, nació en 1962, estudió humanidades y ha ocupado varios puestos de dirección en formación, especialización y recursos humanos. Actualmente trabaja en la Universidad de Viena, es miembro del Directorio de la Fundación de Ex- Alumnos de la Universidad de Viena; y junto con su marido, Richard, son los dirigentes del Movimiento de Schoenstatt en Austria.

¿Qué experiencias me han formado como mujer?

Ciertamente mi madre, con su manera alegre y vivificante, me dio una imagen muy positiva de las mujeres. Más tarde mi marido, su aprecio y alegría por mi forma de ser me ha fortalecido y desarrollado. Y el Padre Kentenich – con su investigación sobre la esencia de la mujer, en un tiempo en el que se la está reconsiderando desde su fundamento; todo esto me ha dado mucha orientación.

¿Dónde he experimentado a Dios en mi vida?

Experimento a Dios en las personas, cada una de ellas tiene una dignidad muy especial bajo esta luz. Experimento a Dios en los acontecimientos – algo puede ser muy hermoso o muy difícil, la pregunta: «Querido Dios, ¿qué me estás diciendo con eso?» es a menudo como una llave para mí. Experimento a Dios en las corrientes de los tiempos – un tiempo de pluralismo, un tiempo de aceleración, todo esto es también siempre un mensaje, una misión para uno mismo. Y experimento a Dios en nuestro Santuario- Hogar – confiándole personas a la Virgen, eso ayuda a llevar la responsabilidad.

¿Cuál es el desafío que veo para las mujeres hoy en día?

Veo el mayor desafío en vivir e irradiar la femineidad con alegría y convicción – pero no como una norma, sino personal e individualmente, y también en ver y reconocer toda su gama y diversidad.

¿Qué es lo que quiero cambiar a través de mi vida en este mundo?

Quiero ayudar a la gente a crecer. Apoyar a los demás en el desarrollo de su propia personalidad, conocer sus propias fortalezas, encontrar su propio camino y crecer en la imagen que Dios tiene de cada persona personalmente – eso me motiva como líder y dirigente. De manera especial, la vida en pareja y el matrimonio también pueden ser una forma de crecer juntos – mi marido y yo queremos animar a otras parejas a hacerlo a través de la Obra Familiar de Schoenstatt. Y así construir un pedazo de la Ciudad Santa, un mundo con Dios entre nosotros.