Eliana Soncin Alfaro

59 años; Profesora de Español; Casada hace 39 años con José Sebastian Alfaro Gonzalez: 3 hijos – Jonatan Moises, Emely Maria y Gabriely Maria; 3 nietas – Mariana y Luiza (gemelas hijas de Jonatan) y Rafaela Maria (hija de Emely); Nuera Alyne y yerno Robert; vive en Espirito Santo do Pinhal – São Paulo- Brasil.
1º Curso de Federación de Madres de Schoenstatt de Brasil

¿Qué experiencias la han formado como mujer?

La experiencia de ser hija, siendo la mayor de 3 hermanas, hice un camino pionero en los desafíos de maternidad y paternidad de mis padres, donde todo era nuevo. Encontré a Dios en la alegría de nacer en una familia Cristiana Católica. Recibí  de mis padres y de mis abuelos las primeras huellas para amar a Jesús y a nuestra madre María.
La experiencia de ser esposa, de encontrar a alguien especial para compartir la vida y la bendición de la maternidad donde Dios ha manifestado su amor creador en la vida de cada uno de mis tres hijos.
La experiencia de pertenecer a una Iglesia y mas particularmente conocer al Santuario de la Madre, Reina y Vencedora Tres Veces Admirable de Schoenstatt, donde pude fortalecer los lazos de amor y convivencia con María .
La experiencia de conocer y formar parte de la Comunidad Apostólica de la Federación de Madres de Schoenstatt, donde aprendi, en la Escuela de amor de María, a amar mejor, a valorar mas los vínculos y a contribuir, por el carisma del Padre Kentenich, nuestro padre y fundador y de la Alianza de Amor con la Madre Tres Veces Admirable, en la construcción del Reino de Amor pensado por Dios.

¿En que parte de su vida ha experimentado a Dios?

En mi más antiguo recuerdo, encuentro Dios cuando veía a mi abuelito materno, rezando, también me acuerdo de las misas con mi abuelita paterna, la llamábamos “nona” por ser italiana, aún sin conocimiento intelectual o teórico, supe que existía ese canal de gracias con Dios a através de la oración, y lo más grande que mi razón conoció fue que experimenté a Dios en la sublime 1ª Eucaristía, encuentro con Jesús en la Sagrada Comunión.
Experimenté en la participación en grupos de juventud de la Iglesia, en los encuentros de formación como el TLC – Entrenamiento de liderazgo cristiano, en los desafíos e incertidumbres de la juventud.
Posteriormente, en la línea de mi vida experimenté el cariño de Dios, cuando conocí a mi esposo y compañero de vida, en los nacimientos de los hijos, en momentos de dificultades de salud y hospitalización y además en compartir con mis padres, con la familia, con amigos, en la actividad pastoral en la parroquia, en la federación de madres, en los sacramentos, en el cuidado con la naturaleza con las plantas que rápidamente responden a nuestros cuidados y atención.

¿Que quiere cambiar en el mundo a través de su vida?

Al reconocer por la pedagogía de Schoenstatt, mi Ideal Personal y por mi pertenencia a la Comunidad Apostólica de la Federación de Madres de Schoenstatt, desde 1992, renuevo cada día mi entrega filial a Dios y a la Madre, por la Alianza de Amor, que con Ella he sellado y ruego que me haga ser coherente con estas aspiraciones y compromisos de amor. Si cada día logro esta victoria en mi, la pongo en las manos de Madre para que le regale a Dios y ruego que la use para despertar a las personas y llegar a sus corazones.
A través de la atención y cuidado, busco reflejar María y por el servicio y donación busco alimentar el amor, la comprensión, educar a las personas en la esperanza de un mundo mejor, que se gradúa en la Escuela de Amor de la Mater, que transfigura los acontecimientos y experimenta las alegrías del Tabor, donde es bueno estar.

¿Cuál es el desafío que ve para la mujer de hoy en día?

Pienso que el gran desafío es mantener la identidad de la mujer, no dejar que se pierda su esencia y por consecuencia la misión para la cual fue pensada por Dios. El tiempo moderno lleva a la humanidad a una uniformidad, donde lo que se necesita o no hacer, está independiente de quien lo haga, o sea no importa quien lo haga. Eso hace todo muy impersonal. Las personas se van cambiando en “hacedores de tareas” o “administradores de funciones” se alejan y hasta se olvidan de la idea de que la vida es un don y de que nosotros fuimos creados a la imagen y semejanza de un Dios que es padre, que es amor y que nos alimenta con su amor.
Las diferencias existen, no fuimos creados en serie, ¡somos originales!
El desafío para nosotras mujeres es mantener vivo el amor en los corazones, generar constantemente, donde sea que estemos, la verdad de que la vida es un don del amor de Dios.