Gudrun Schmid

Nacida en 1963, estudió música de orquesta con especialización en violín, trabaja como profesora de violín en tres escuelas de música en los alrededores del Lago de Constanza. Vive en Friedrichshafen. Pertenece a las académicas de Schoenstatt.

¿Qué experiencias te han formado como mujer?

Como niña y adolescente tuve vínculos sólidos.  Después que durante mis estudios se rompiera una amistad, me pregunté si sería capaz de volver  a confiar en alguien.
Comenzó un largo proceso en el que experimenté un gran apoyo y lealtad en personas que poseían el tesoro de la sabiduría y la experiencia de vida.
En esa época también comencé a participar activamente en la parroquia y me involucré como voluntaria en un hogar de ancianos, donde entre otras cosas, siempre ayudo a preparar los cantos de las misas.
En esta casa, la dirección de la pastoral está en manos de una religiosa; ella es muy cuidadosa en el trato de las personas mayores y capta muy bien lo que cada uno necesita. Poder vivenciar su fe tan vital, me hace entender lo que es importante en la vida.
La música siempre me ha ayudado mucho. Cuando por alguna situación he perdido, en cierto modo, algo de mi equilibrio interior, toco el violín y vuelvo a mí misma.

¿Cuándo has experimentado a Dios en tu vida?

Durante mis estudios tuve una etapa en que me hundí física y mentalmente. Después de haber intentado hacer prácticamente todo lo posible desde el punto de vista médico y no encontrar ninguna ayuda efectiva, participé, animada por una amiga, en un retiro carismático. Durante esos días experimenté una curación de cuerpo y alma.
Durante una peregrinación a Medjugorje, después de la adoración nocturna, tropecé con una piedra rompiéndome la articulación del tobillo izquierdo. En el camino al hospital de Mostar, me vinieron de repente a la mente, las palabras del Padre Kentenich: «Dios es Padre, Dios es bueno, bueno es todo lo que hace». En ese momento estaba en paz conmigo misma, sabiendo que todo tenía su sentido y estaba bien hecho.
Por la participación regular en la santa misa y los sacramentos, me fue regalada, a lo largo de los años, una sólida base de fe.
También, los muchos pequeños y grandes signos en la vida diaria, me permiten experimentar el amor y la bondad de Dios. En la música intento que lo que toco se convierta en oración. ¡Dios me está escuchando!

¿Cuál crees que es el desafío para la mujer en el tiempo actual?

El desarrollo de su propia identidad, con independencia de las influencias externas, como lo es la presión por las expectativas exteriores, los intentos de manipulación en distintas direcciones…
«Cuando vivo con autenticidad, me siento equilibrada. Yo tengo el derecho de ser como soy;  es más, está bien que yo sea como soy pues Dios mismo fue quien me pensó y quiso así. Esta toma de conciencia debe ser conquistada permanentemente en la vida diaria.

¿Qué quieres cambiar a través de tu vida en este mundo?

Hacer que el mundo, desde Dios, se haga más transparente. Darme cuenta de lo que Él me quiere decir a través de situaciones, encuentros, señales;  y responderle con mi disposición a actuar, por ejemplo, en el servicio a los demás, en la oración… Participar activamente en el reino de Dios en este mundo.