Silvia Hernández Concha

48 años; Chile; Ingeniero Pesquero, Master en Acuicultura, con Estudios de Doctorado en Economía y Administración de Empresas; encargada de la administración de las pesquerías pelágicas en la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura en el Ministerio  de Economía, Fomento y Turismo.
Federación Apostólica Femenina de Schoenstatt

¿Qué experiencias la han formado como mujer?

a) La experiencia más importante a la cual debo gran parte de mi ser de mujer, es mi Alianza de Amor con María y en esta alianza, debería escribir con letras mayúscula y subrayada la palabra AMOR, porque ha sido precisamente su amor único, cálido, maternal, el que permanentemente me transforma, me educa y me inspira. Ella, me ha enseñado ante todo, a ser hija de Padre, a descubrir mi propia originalidad y el inmenso amor que Ellos tiene por mí. La preciosa experiencia de este vínculo filial sobrenatural; cristaliza y trasciende todo el amor que sostiene la red de vínculos naturales, que en definitiva se expresa en la forma particular de mi entrega hoy en medio del mundo.

b) Dentro de los apostolados que me ha tocado realizar marcó profundamente mi vida el servicio a nuestra familia de Schoenstatt como Asesora Nacional de la Liga Apostólica Femenina en Chile, que dejó al menos dos imborrables huellas; la primera es la profunda conciencia de instrumento del Padre, más allá de una gran pequeñez y limitación, me permitió experimentar la capacidad de entrega por amor y servicio desinteresado que el Señor regala al alma femenina de quien se deja conducir por El. Lo segundo, conocer el testimonio silencioso de tantas mujeres, que en las múltiples situaciones cotidianas del mundo laboral, familia y personal cultivan una fe y fidelidad sencilla y profunda a Schoenstatt y su misión. El testimonio de una mujer que aspira con sencillez a la santidad, será siempre escuela de crecimiento e inspiración para muchas mujeres.

 c) Durante más de veinte años me he desempeñado profesionalmente en área de la pesca, actividad preferentemente desarrollada por hombres, cuando elegí mi profesión no tenía mayor conciencia de esto, sin embargo, con el correr del tiempo, me di cuenta del cambio que generaba la presencia femenina en estos ambientes, si bien la mayoría de las veces estos cambios son positivos, esto no siempre ha sido fácil. Lo que en el tiempo me ha llevado al desafío permanente de acentuar mi propia originalidad femenina y, a perfilarla con sólidas raíces.

¿En qué puntos de su vida ha experimentado a Dios?

a) Como mujer consagrada, uno de los momentos más hermosos de la experiencia y  cercanía de Dios, ha sido su llamado personal, a vivir esta vocación de entrega total a su amor en medio del mundo. Una vivencia tan grande, que podría vivir toda mi vida de ella, sin más certezas, volviendo permanentemente como si se tratara de una fuente de vida, donde se renueva el amor y las fuerzas para levantarse una y otra vez.

b) Aceptar una vocación y buscar el lugar donde plenificarla, no siempre son cosas evidentes. Cuando el Señor, me mostró el lugar en la Federación Apostólica Femenina, mi pregunta fue ¿dónde están? y la respuesta fue: no existe la comunidad en Chile. La alternativa era ingresar en otro país, hacerlo en Chile era simplemente una locura, se requería un curso, una formadora, etc., era una decisión de alto riesgo, puesto que no había nada, nada, salvo una convicción profunda en el alma que Dios Padre lo quería. ¿Cómo dar este salto mortal? y ¿correr el riesgo? Solo la confianza filial de un niño, tomado de la mano de su Padre lo hizo posible. Sin temor a equivocarme, puedo decir allí estuvo El, fui testigo de un como condujo los inicios del proceso fundacional de nuestra comunidad en Chile, como abrió puertas, envió instrumentos, despertó vocaciones; haciendo posible lo que parecía imposible, dando este primer soplo de vida a la Federación después de poco más de  50 años de espera.    

¿Cuál es el desafío que ve para las mujeres hoy en día?

a) Ante un cambio de época marcado por la incertidumbre y el relativismo, se requieren mujeres que sean hijas de la Divina Providencia, con una mirada amplia y profunda, audaces y con una firme conviccion de su misión: me atrevo a decir que la pandemia que vivimos, vino a acelerar lo que ya muchos auguraban, un cambio de época. Nos encontramos en un tiempo decisivo, marcado profundamente por la incertidumbre, la velocidad de los cambios sociales, económicos, etc. ¿Quien resistirá?, solo quienes dominen el arte de vivir como hijos de la Divina Providencia y creo que la mujer tiene aquí un especial sentido y sensibilidad, para observar, dicernir y dejarse conducir por el Espíritu Santo – tal como lo hizo María- quien dio su “Si“ movida por su fe y confianza.                       

b) La inserción eclesial de la mujer mediante un trabajo colaborativo en los distintos ámbitos y niveles decisionales: al revisar el magisterio de la Iglesia podemos ver que a través del tiempo, existen escritos importantes que hacen particular referencia a la figura y rol de la mujer en la Iglesia. Sin embargo, su plasmación en la vida aún está restringida a ámbitos específicos. Un trabajo más colaborativo en los distintos ámbitos y niveles decisionales, podría enriquecer aún más nuestra Iglesia. Resulta urgente avanzar en este punto, de manera armónica y con sentido de unidad familiar, considerando que ya existen en la actualidad sectoresque han radicalizado su postura ante la falta de respuestas. El Papa Francisco durante su pontificado nos ha interpelado en este sentido, nos ha invitado a ir más allá, ante nosotros queda este ineludible desafío.

c) Llamadas a humanizar la sociedad con los valores femeninos: frente a las distintas reivindicaciones de los movimientos feministas, como mujeres católicas estamos llamadas a tener una opinión clara, imposible no tenerla, quedarse en las trincheras  y esperar a que todo pase. No se trata tampoco de salir a confrontar otras opciones, sino más bien, de visibilizar la nuestra como un camino de plenitud. No aspiramos a ser un nuevo “movimiento feminista” más, porque nuestro proyecto es mucho más que eso, estamos llamadas a construir y humanizar con la riqueza de los valores femeninos la sociedad y la Iglesia. Urge entonces, la necesidad de profundizar en la explicitación del papel, el valor y del carisma que la mujer puede aportar a nuestra sociedad y la Iglesia.

d) Unidad, comunidad y solidaridad como elemento clave en las tareas y transformaciones lideradas por mujeres; la historia de la humanidad nos muestra que las distintas transformaciones que la mujer ha promovido en la sociedad ya sea para abrir espacios de participación, defender los derechos humanos, el trabajo digno o defender la vida, etc., ha sido siempre en unidad y solidaridad mutua, sin discriminación de estilos, segmentación etaria u otros. Como comunidad de Schoenstatt, tenemos aquí el gran desafío de potenciar el trabajo conjunto de las distintas comunidades que conforman la columna femenina, haciendo vida la comunidad de destinos.

e) Gestoras de una nueva alianza con la creación: el urgente llamado que hace el Papa Francisco en su carta encíclica Laudato Si, frente al cuidado de la casa común, es un gran desafío espiritual, cultural y educacional, que implica la generación de nuevas convicciones, actitudes y formas de vida, gestoras de una conciencia que reconoce un origen común, una pertenencia mutua y un futuro compartido por todos. Un rol relevante en este desafío, le compete a la mujer por cuanto actitudes clave como el cuidado y la donación le son propias, a la hora de generar nuevos estilos de vida.

f) Fortalecimiento de la formación y apostolado femenino en todos los ámbitos de nuestra sociedad; las mujeres están llamadas a colaborar y llevar el mensaje de Jesús a  todos los ámbitos de nuestra sociedad y para ello es muy importante, generar los mecanismos que le permitan incrementar su formación, tanto intelectual como espiritual.  Mujeres maduras, dirigentes y con alto nivel de compromiso y responsabilidad cristiana.

¿Qué desea cambiar a través de su vida en este mundo?

Que el ser humano vuelva su mirada al Padre, un camino que puede ayudar a este retorno, es el redescubrir y reconocer en la creación, en la naturaleza, un Don de Dios, que despierte y acreciente una profunda gratitud  y respeto frente el Creador y lo creado. Confío que tarde o temprano el ser humano, pueda tomar conciencia que es parte de esta creación y, pueda estrechar un renovado vínculo de comunión con quienes comparte la casa común.